“Conoce primero los hechos y luego distorsiónalos cuanto quieras.” MARK TWAIN.

Cada proceso de negociación comienza con una oportunidad que percibimos. ¿Por qué donde uno ve oportunidad otro ve miedo? ¿Por qué hay compradores y vendedores en el mercado? En definitiva, ¿Por qué cada persona interpreta el mercado de forma diferente?

Cuando tenemos frente a nosotros un objeto, independientemente de lo que estamos viendo, oyendo, degustando, oliendo o sintiendo esos impulsos eléctricos se trasforman en una energía que se almacena en nuestro entorno mental como un recuerdo. En primer lugar nace una relación “causa efecto” del mismo modo que podemos conseguir que un perro sepa que va a comer tocando una campañilla. Este ejemplo pertenece a un reconocido experimento que realizo Pavlov. Consistía en presentar dos estímulos simultáneamente durante un determinado número de ensayos (toco la campañilla y luego le doy la galleta) y estos producen una cierta respuesta, más adelante basta utilizar tan sólo uno de ellos para producir dicha respuesta (toco campañilla y el perro comienza la salivación, sabe que viene la galleta).

La primera vez que miro un gráfico de precios ¿que vio? Seguramente un montón de líneas que no tenían sentido. A medida que fue aprendiendo, se dio cuenta de que cada una de esas líneas, indicadores, correcciones y proyecciones representan distinciones en el comportamiento del mercado y por ello pueden representar una oportunidad. El problema comienza aquí, en lo que cada uno interpreta como oportunidad, porque en los mercados como en nuestras vidas “las personas vemos lo que hemos aprendido a ver”.

Generalmente, siendo la misma persona en escenarios distintos, no vemos la misma oportunidad en un gráfico tras tres entradas perdidas que tras tres ganadas. Imagine si le sumamos a eso que son dos personas distintas cada una con aprendizajes, entornos, recuerdos y creencias distintas. ¿Entiende ahora porque existen compradores y vendedores ante una misma oportunidad? Si profundizamos un poco más entenderemos porque ante una misma oportunidad unos proyectan miedo y otro euforia desmedida.

Nuestra mente es como un imán con una carga positiva y otra negativa. La energía con carga positiva se proyecta como amor, confianza, felicidad, alegría, satisfacción, entusiasmo… la energía con carga negativa se proyecta como miedo, terror, tristeza, traición, ansiedad, confusión, estrés, frustración…Así como no hace falta pensar para que siga latiendo nuestro corazón, tampoco tenemos que pensar conscientemente para vincular nuestras experiencias con nuestros sentimientos. A este fenómeno los psicólogos lo denominan “proyección”.

La proyección es un mecanismo de defensa mental mediante el cual atribuimos al mercado sentimientos o pensamientos que nos resultan inaceptables para nosotros mismos, nos resguardamos trasladando al mercado la responsabilidad de nuestras operaciones. Este mecanismo se pone en marcha en situaciones de conflicto emocional. El exterior actúa como un espejo de nuestra propia mente. Si acabamos de experimentar nuestro mayor drawdown en la cuenta, nuestra mente entiende de alguna forma que existe un peligro y pone una serie de contenidos (el cuerpo tiempla, el corazón se agita, dolor de barriga, sudoración…) que trasmiten carga negativa (miedo, desconfianza, ansiedad, confusión…). El objetivo es apartarnos de esa entrada, seguramente la parálisis se apodere de nosotros y perdamos esa oportunidad. Esta imagen que proyectamos no es real, es una especie de autoengaño.

Ante la misma oportunidad podríamos experimentar también “euforia desmedida”. Piense cómo se sentiría si llevara una racha ganadora de seis operaciones seguidas. Generalmente, su mente comenzara a trasmitirle una serie de contenidos (sonreímos, nuestro cuerpo produce endorfinas…) que trasmiten carga positiva (confianza, alegría, poder, seguridad…). El objetivo es trasmitirle que puede entrar con el doble o triple de lo que entro porque ganara de nuevo la operación. Su cuerpo le trasmite que está dejando dinero sobre la mesa, quiere trasmitirnos que al fin hemos encontrado la piedra filosofal, que el mercado no tiene secretos para nosotros. Vea como ante la misma oportunidad puede sentir cosas distintas, imagine como puede influir esto en su toma de decisiones.

¿Entiende ahora quien es la mayor fuente de amenaza? Evidentemente no es el mercado, sino nosotros mismos. Cada vez que vaya a caer de nuevo en la trampa, pregúntese: ¿Es la información amenaza o simplemente experimenta el efecto de un estado de ánimo? Si acepta el hecho de que el mercado no genera información cargada positivamente o negativamente, aceptara que cuando experimente una de las sensaciones mencionadas anteriormente estará experimentando un engaño de su propia mente. Hay que darse cuenta de que aquello que proyectamos en los mercados, verdaderamente no existe, son miedos o problemas de los que no deseamos hacernos responsables, aspectos que no admitimos como propios y que están jugando en nuestra contra.

Recuerde siempre que el mercado no tiene la culpa de nada, solo es información. Sea objetivo y aprenda a ver las cosas tal y como son. Si quiere ser un trader exitoso aprenda a no distorsionar la información que percibimos.

Buen trading amigo!

Visitas: 22

Comentar

¡Necesitas ser un miembro de dBolsa.com para añadir comentarios!

Participar en dBolsa.com


Juega a la quiniela de la Bolsa

Sigue los Análisis de Megabolsa/dBolsa

© 2020   Creado por Fran.   Tecnología de

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio