¿Por qué la inflación es 'kriptonita' para los bonos? Las razones de la sacudida que está viviendo la renta fija

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El paquete de estímulos de 1,9 billones de dólares tras la pandemia impulsado por el presidente de EEUU, Joe Biden, una vez ganadas las elecciones junto a las expectativas de una rápida reapertura económica tras las vacunas están detrás del repentino miedo a una inflación rampante en los próximos años. Este temor a una subida voraz de los precios, que no es compartido por todos los economistas en un entorno deflacionario en los últimos años, sí ha impactado de lleno en los mercados, especialmente en el de renta fija. Los bonos se han convertido en la primera 'víctima' de este pánico y cada día los inversores en deuda se lo hacen notar a los gobiernos y bancos centrales. ¿Por qué estas expectativas de alta inflación son 'kriptonita' para los bonos?

El primer paso es entender cómo funciona el mercado de bonos. Si los inversores acuden a los bonos, su precio subirá y bajarán los rendimientos. Por contra, si los inversores empiezan a salirse, los precios bajarán con el consiguiente aumento de los rendimientos. La inflación juega en contra de los tenedores al limar el interés que se recibe. Que la inflación aumente significa que los pagos de intereses futuros que uno percibe por mantener el bono valen menos. Esto también hace menos atractivo al bono a la hora de desprenderse de él.

Por otro lado, existe el temor a que una inflación rampante obligue a los bancos centrales a retirar estímulos, reducir balance o incluso subir los tipos de interés. Medidas que impactan en el mercado secundario de los bonos haciendo caer los precios y perjudicando a aquellos que tenían posiciones previas. Por ejemplo, una subida de los tipos provocaría que las nuevas emisiones tuvieran que ofrecer más rentabilidad y los bonos en circulación tendrían que reducir aún más su precio para competir con esa rentabilidad.

Es por ello que todos los ojos miran al principal banco central del mundo, la Reserva Federal americana. Cualquier palabra que se diga o no se diga desde la Fed sobre la inflación es clave para que los mercados se muevan en un sentido u otro. En lo que constituye una especie de pulso, los inversores llevan semanas probando a la Fed vendiendo bonos para ver si el organismo encabezado por Jerome Powell hace algo al respecto con estas expectativas de inflación. Powell de momento espera y en sus últimas palabras, transmitidas ayer, aseguró que el objetivo de inflación puede estar más alto un tiempo hasta que la economía y el empleo se recuperen. Algo que no acabará de gustar a los bonistas.

Lo que ocurra en el mercado estadounidense de bonos, de 21 billones de dólares y que sustenta al sistema financiero mundial, seguirá bajo escrutinio mientras los inversores mantengan estas expectativas y la Fed no tome alguna medida adicional. Por el momento, el rendimiento del bono a 10 años, la nota de referencia, sigue en lo que va de 2021 una senda al alza al con continuos vaivenes pero sin llegar al 2%, nivel en el que puede llegar el 'terremoto', según los analistas de Bloomberg. Los estrategas de BNP, a su vez, ven al mercado poniendo en precio una subida de tipos de interés por parte de la Fed a finales de 2022, lo que les lleva a elevar su pronóstico de rendimiento de los bonos del Tesoro para final de año a ese 2%.

En el recuerdo de todos está el tan cacareado estos días 'taper tantrum' de 2013. Tras varios años de estímulos para salir de la gran crisis, la Fed empezó a mostrar sus intenciones de echar el freno poniendo sobre la mesa una reducción anticipada de sus compras de bonos, algo conocido como 'tapering'. Estos aspavientos provocaron una 'rabieta' en los mercados marcada por una rápida oleada de ventas. El rendimiento del 10Y subió rápidamente al 3% y el daño derivado al mercado mundial de deuda hizo especial daño a las economías emergentes.

Por ahora, Wall Street sigue buscando algún indicio de cambios en las políticas de la Fed. En lugar de buscar subidas de tipos, algunos economistas e inversores abogan por que el banco central cambie la composición de sus compras mensuales de activos. Una opción sería vender bonos a corto plazo y comprar notas a más largo término en un esfuerzo por aumentar los rendimientos en el extremo corto de la curva de tipos y reducirlos en la parte larga para aplanarla, lo que se conoce como Operación Twist. Powell espera.

Un horizonte incierto

No pocos ven al mercado de bonos sobre un verdadero 'barril de pólvora'. Tras años de altos precios y rendimientos bajo mínimos (y bajo cero) por la actuación sin parangón de los bancos centrales, ahora hay mucho bono en cartera con exiguos intereses. Una inflación sostenida considerablemente por encima del límite estándar del 2% podría complicar las cosas. Aunque es un debate recurrente y, como se ha dicho, hay economistas que descartan esta subida tan notable de los precios, otras voces auguran un mundo futuro con mayores tasas de inflación.

Si bien en una nota reciente los analistas de Natixis consideran "exageradas" estas preocupaciones sobre el mercado de deuda, en otro informe remitido hace poco advertían a aquellos inversores en bonos de larga duración de que sobre el tablero hay varios factores que contribuirán a un alza de la inflación en los próximos años: el envejecimiento de la población, la presión de la opinión pública para elevar los sueldos más bajos, un retorno a las cadenas de valor regionales que frenaría las importaciones desde las economías emergentes y una transición energética dominada por el alto precio de las renovables dada la intermitencia de su producción y el coste de almacenamiento de la electricidad.

Fuente: Eleconomista

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